miércoles, 3 de octubre de 2012

GRADO 34 EN LA MASONERÍA

DEL GRADO 34 EN LA MASONERÍA 


 Q:.H:. EUSTASIO CIFUENTES JIMENES
  Resp:.Log:. TOMAS CIPRIANO DE MOSQUERA No. 9 
Que venerar la virtud y la humanidad y aprender el amor a uno mismo y
a los demás, sea siempre nuestro primer deber. Massi 
Posiblemente todos nosotros hemos oído hablar del grado 34 masónico
que el General Tomás Cipriano de Mosquera se adjudicó a sí mismo
dentro de la Masonería Colombiana. Sin embargo, en reconocimiento de
nuestra Respetable Logia, vale la pena recordarlo como inicios a la
conmemoración de sus 65 años de fundación.

En México sólo la Resp:.Log:. Simb:. Dr Eusebio Guajardo N°48 de NL. México
Puede otorgar el Grado 34° de la Masonería Regular  
Como muchas cosas buenas, la Venerable Hermandad entró a la Nueva
Granada por la puerta de Cartagena donde, en 1.833, se fundó la
primera Logia Masónica que hubo en el país con el nombre de
"HOSPITALIDAD GRANADINA", y se constituyó en Supremo Consejo de la
Institución. De esta matriz salieron todas las otras asociaciones
masónicas colombianas, y por ello el Supremo Consejo Neogranadino de
Cartagena, así como los Soberanos Grandes Comendadores de éste, fueron
reconocidos siempre como la máxima autoridad masónica en toda Colombia
hasta 1.938 cuando se firmó un tratado de Fusión que trasladó la sede
principal de la organización a Bogotá. 
Recordemos que en 1.860, el general Mosquera, siendo Presidente del
Estado del Cauca, separó a éste de la Confederación Granadina, y se
lanzó a la guerra contra el Gobierno legítimo de ésta, que presidía el
Dr. Mariano Ospina Rodríguez. Pero para poder avanzar contra Bogotá
necesitaba tener cubiertas las espaldas y esto fue lo que consiguió
cuando, en el 10 de Septiembre de aquel año, celebró un pacto de unión
con el General Juan José Nieto, quien, además de Presidente del Estado
de Bolívar, era al propio tiempo Soberano Gran Comendador del Supremo
Consejo Neogranadino. Nieto, lo mismo que Mosquera, había ya separado
a su estado de la Confederación y después de varias campañas militares
triunfantes, dominaba todo el territorio de la Costa Atlántica, desde
la Guajira hasta Urabá. De modo que, la unión entre los dos jefes
aseguraba prácticamente el triunfo de la revolución. 
Pero entre Nieto y Mosquera existían diferencias de tiempo atrás. Los
dos caudillos, el costeño y el caucano, se odiaban en el fondo,
cordialmente; luego aquella unión, era puramente coyuntural. De tal
manera que ya durante el mismo desarrollo de la guerra, recomenzaron
las divergencias entre ambos. Mosquera, claro está, llevaba las de
ganar en las disputas que surgieron (y en las que plasma el valor y la
dignidad con que Nieto se defendió y desafió las embestidas de su
adversario, entonces en el ápice de su poderío civil y militar); pero,
en cambio, Nieto lo tenía bajo su mando en el campo de la Masonería,
que había sido el alma de la triunfante revolución y esto desazonaba y
le era insufrible al soberbio payanés. 
Entonces, fue cuando, para soltarse del cabezal con que Nieto lo tenía
agarrado, se le ocurrió fundar un "NUEVO ORIENTE"; y, en 1.862
hallándose en Ambalema, creó por su cuenta una nueva Orden Masónica y
la llamó "ORDEN REDENTORA Y GLORIOSA DE COLOMBIA" que tendría entre
otras, autoridad para otorgar el grado 4º a los "VARONES EMINENTES
APOSTOLES DE COLOMBIA"; el grado 21 a los "SABIOS AMIGOS DE LA
REPUBLICA"; y, finalmente el grado 34, que estaba reservado para los
"ACRISOLADOS AMIGOS DE COLOMBIA", y de una vez se lo otorgó a sí
mismo. 
Como era natural, este cisma conmovió a las columnas del masónico
templo, y puso en guardia al Soberano Gran Comendador de Cartagena,
Juan José Nieto, quien no solo protestó en seguida por la gravedad de
aquel movimiento separatista, que pretendía otorgar un grado superior
al grado 33, símbolo de la edad de Cristo, sino que prohibió que
ningún otro hermano ingresara al herético Oriente, y rechazó con
indignación el grado 34 que Mosquera, hábilmente, se hizo conceder. 
Este conflicto entre hermanos masones y especialmente entre sus
dignidades, despertó ecos que aún resuenan en nuestro tiempo, y no
concluye sino con la caída del General Mosquera en 1.867. 
Sus repercusiones todavía se ven en nuestra Orden. 
Plancha preparada de un texto de Eduardo Lemaitre y de Historia de la
Masonería Colombiana, de Américo Carnicelli
.

No hay comentarios:

Publicar un comentario